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La
victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio;
sus banderas, sus armas se rinden
por trofeos a la libertad,
y sobre alas de gloria alza el pueblo
trono digno a su gran majestad
Fragmento del Himno Nacional Argentino
Hay sucesos en
la vida de un pueblo que imprimen un nuevo rumbo a la
historia, me refiero a esos hechos que unen a la multitud
convirtiéndola en protagonista de un país
del que se creía espectadora.
Los ciclos históricos anunciaban
este movimiento, esta conjunción de voluntades
que nacería de las entrañas del pueblo,
para fundirse en el imaginario colectivo y dar solidez
a las generaciones subsiguientes.
Este ciclo revivió las luchas
populares con un ímpetu arrollador.
Los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre
en Argentina representan el poder de estos movimientos
de masas y nos hacen comprender varias cosas:
Por un lado que en la nueva era, los
lideres son anónimos y se vinculan más
con el imaginario popular que con una figura de carne
y hueso. El héroe sacrificado es un desconocido,
puede ser estudiante, desempleado o poeta
pero
simboliza al ídolo que, sin saberlo, se convierte
en hacedor y protector de una causa popular. El héroe
no es protagonista porque decida serlo, las circunstancias
lo llevan a inmolarse por la idea.
Por otro lado, se comprende que en democracia,
legalidad y legitimidad son dos cosas bien distintas.
Este nuevo despertar del pueblo debería ser tomado
con seriedad por la dirigencia política argentina,
porque vino para quedarse; hoy no alcanza haber accedido
al poder por el voto popular, la acción cotidiana
debe reforzar la confianza, para que esa legalidad se
complemente con la legitimidad necesaria para gobernar.
¿Qué fue lo que pasó
el 19? Mientras un montón de inadaptados saqueaba
supermercados y negocios en general por puro oportunismo
o pagados por algún grupo con intereses específicos;
otro conjunto de personas con urgencias reales, no tuvo
más remedio que humillarse robando lo que no
puede comprar. Lo que se olvidó de mostrar la
tele buscando el provecho del ranting- es lo que
pasaba más tarde, en los barrios y en las villas,
entre la gente que había recurrido al saqueo
como última medida. Los que habían podido
llevarse carne o los que optaron por la verdura o la
leche, intercambiaban sus productos
Ulteriormente
a la violencia y la bronca: vino el trueque, aquella
forma arcaica que se usaba cuando no había moneda.
También es cierto que muchos indigentes no salieron
a robarle a otros y se quedaron en casa, con su apetito.
Pero la noticia siempre viene por el
otro lado: los pibes robándose televisores o
heladeras comerciales
eso no es hambre señores,
eso es delincuencia con total impunidad. Sin embargo,
la Argentina no quería eso, y salió a
defender los comercios de su barrio, de los ladrones;
mientras la policía se esforzaba en despejar
la plaza de Mayo, del pueblo que se manifestaba pacíficamente.
¿Es correcto saquear supermercados?
No, no lo es. ¿Es correcto llevar a un pueblo
al extremo del hambre y obligarlo a realizar actos criminales?
No, tampoco lo es. Por eso más allá de
echarle la culpa a los buitres, a los supermercados,
a los empresarios o a los delincuentes; el gobierno
debería analizar la viga en su propio ojo, y
hacerse cargo de su inoperancia y desmanejo; de su falta
de previsión social y del olvido autista de las
urgencias de su gente. Ahora, si el gobierno no desea
auto-observarse, es deber del pueblo hacerle ver que
está equivocado. Siempre dentro de la ley.
A vosotros se atreve
argentinos
A vosotros se atreve argentinos/
el orgullo del vil invasor/ vuestros campos ya pisa
cantando / tantas glorias hollar vencedor/ mas los bravos
que unidos juraron /su feliz libertad sostener, / a
esos tigres sedientos de sangre/ fuertes pechos sabrán
oponer. (fragmento del himno nacional argentino)
¿Qué pasó
el 20?
Para los propios y para los foráneos,
la experiencia vivida en vísperas de navidad
fue como un shock de adrenalina.
La exclusión, la baja estrepitosa
de la calidad de vida, el hartazgo, la empatia, la impotencia
y el dolor, se fusionaron desencadenando lo que se dio
en llamar: el argentinazo, el basta! del
pueblo argentino.
Lo que más impactó fue
ver a la gente unida bajo una sola bandera: la celeste
y blanca. Nadie los convocó, nadie los instó
a golpear las cacerolas, las herramientas, las latas
o los tachos de basura
fue una expresión
espontánea, popular y auténticamente democrática.
Al grito de: Argentina! Argentina!
Argentina!
o entonando el Himno a vivia
voz, los argentinos echaron a un presidente
y su gabinete exigiendo un cambio en el rumbo de la
política económica.
Esta lección de democracia, que
Argentina ha brindado al mundo, es ahora una responsabilidad.
No podemos negar que hubo muertes, heridos, aprovechadores,
injusticias, egoismos
(las autoridades, y los particulares
deberán responder por eso) pero, creo que en
un punto renacimos como Nación, reconquistamos
nuestra voz, aprendimos a amar de nuevo nuestra bandera
y recuperamos el orgullo de ser argentinos a pesar de
los sinsabores y los reveses del poder. Este pueblo
castigado por el hambre, la pobreza, la exclusión
y las malas administraciones: ha despertado de su letargo.
Pero cuidado! esto no termina acá,
como Nación es nuestro deber hacernos cargo del
futuro concienciando el presente, sin olvidar nuestro
pasado. Creo que acabamos de comprender, en carne propia,
por qué las fechas patrias tienen un valor en
el calendario. Si dentro de dos años algún
lucido presidente decidiera mover la fecha
del argentinazo por conveniencia turística
unas cuantas cacerolas se lo impedirían. La
gente se manifestó y murió el 20 señores!!
¿Quién les da el derecho de mover
su sacrificio y su dolor?
Ahora, en este
presente tormentoso que parece despejarse en la lejanía,
es cuando comenzamos a asimilar nuestro pasado. Los
feriados no deberían verse sólo como descanso,
sino como hitos de la memoria colectiva. Recuerdos de
aquellos anónimos que hicieron posible nuestro
destino presente, sus luchas, sus triunfos y sus fracasos.
A vosotros se atreve argentinos, el arte
de la remembranza, la reflexión luego de la tempestad
y del fuego. ¿Qué país queremos
para nuestros hijos?
¿Qué país
estamos construyendo? ¿Qué acción
realizamos para ese futuro que anhelamos?
Creo, con toda la fuerza de mi corazón,
que la reconstruccion de la Argentina es posible. Creo
que la clave para la concresión de esta aspiración
es la búsqueda de nuestra identidad. Una autenticidad
que nazca de las entrañas de nuestra gente y
nunca de los modelos foráneos.
Se termina otro año, cruel
difícil
es tiempo de balances y proyectos.
Que el 2002 nos de la oportunidad de concienciar nuestra
responsabilidad de seres humanos, nuestra capacidad
de amor, nuestra fuerza y nuestros sueños
que este año podamos convertirnos en verdaderos
protagonistas de la Historia.
Alzo mi copa y brindo por Nosotros, el
gran pueblo argentino,
Salud!
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