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He aquí
mi secreto. Es muy simple:
no se ve bien sino con el corazón.
Lo esencial es invisible a los ojos
Antoine de Saint-Exupéry
en El principito
Estaba pensando qué tema tratar
en esta edición de Blush, y a diferencia de otros
meses no lo tuve claro, ni lo tengo claro ahora. Mientras
escribo estas lineas se me ocurre que lo más
acertado sería dejar que hable mi corazón;
por ello aparto al intelecto y me dejo llevar por el
torrente de palabras que, súbitamente, se escurren
por mis dedos.
Mis padres me inculcaron grandes valores,
y lo hicieron desde la humildad del ejemplo. Aprendí
a amar a todas las criaturas, a intentar comprender
los pensamientos y las acciones de los otros sin juzgar,
a utilizar la reflexión y la agudeza. Aprendí
a expresar con la misma intensidad, emociones y palabras.
Aprendí que lo verdaderamente importante permanece
inalterable durante el transcurrir, y que lo esencial
es invisible a los ojos. Respeto, disciplina
aprendí
a disfrutar, a confiar, a reir y a dar sin esperar.
Una de las cosas que más me impacta
es la capacidad de agradecimiento de mis padres, y aquella
grandeza de alma que los hace siempre poner la otra
mejilla. El eclecticismo, claro, fue uno de sus legados.
Mis inquietudes por la filosofía oriental y occidental,
la teosofía, la cultura latinoamericana, la antropología,el
arte, la historia, la psicología, la educación
es algo que heredé de ellos, no es ningún
milagro de la naturaleza, sino lo que mi mapa genético
me impulsa a concretar: padres, abuelos y visabuelos
intelectuales, teósofos, escritores, maestros.
A veces aquello se convierte en una carga pesada de
llevar, uno siente que la responsabilidad de conservar
y reafirmar ese pasado es tanto o más agotadora
que una travesía iniciática.
Es que, amigos, la autoridad moral
no es algo que se fabrica, no se compra, no se presta
ni se permuta; debo decir, tampoco se hereda, uno la
genera, le da nacimiento con sus propias acciones y
pensamientos. La virtud es costosa, no nos engañemos,
siempre se ha dicho que es más sencillo bajar
las escaleras que subirlas. Y asi está el mundo:
lleno de sujetos bajando a confines infernales de corrupción,
depravación y estupidez, mientras algunos valientes
toman aire para seguir la ascención hacia la
dignidad humana.
Ahora, debemos reconocer que si bien
este año empezó con un sentimiento abrumador
de caida precipitada, enredado de injusticias e impotencias,
hemos logrado ascender en grupo, haciendole entender
a los inadaptados de siempre que el nuestro
no es un esfuerzo para usurpar. Que estamos cansados
de las avivadas, de los chantas
y de los violentos que han llevado a nuestro país
al extremo de la disolución. Este es un tiempo
de despertar y de unidad. Es una época de redención.
Como país necesitamos aprender
a agradecer a aquellos que han hecho posible nuestro
presente, es un signo de humildad que les debemos. Por
ello cada uno de nosotros deberia comenzar a poner su
vida bajo la lupa y encontrar aquellos hilos que lo
unen a otras existencias distintas a la nuestra; existencias
dadoras de sentido, complices de nuestro andar por el
mundo.
Gracias a los que se inmolaron en pos
de sus creencias de libertad e hicieron de este suelo
una semilla de independencia, que germinó en
toda la extensión del continente. Gracias a los
que trabajaron y trabajan por la gente, a los que creen
que la humanidad es una cualidad que se construye día
a día con solidaridad y amor. Gracias a los padres
de mis padres
es por ellos que hoy estoy aquí:
existiendo, intentando Ser. Gracias a mis padres por
engendrarme en cuerpo y mente, por su coherencia, valentia
y amplitud. Gracias a mi hermano por ser mi mejor amigo
y hacerme sentir orgullosa de él. Gracias por
mi inquietud intelectual y mi necesidad de respuestas,
gracias por sentir la música como si fuera parte
de ella. Gracias por amar la belleza, con la misma necesidad
de ejercicio que tiene el corazón. Gracias por
todas las oportunidades, aun cuando no siempre supe
aprovecharlas. Gracias a los que me amaron y a los que
me aman, es por y para ustedes que vivo. Gracias a los
que me despreciaron o desprecian, es por ustedes que
me fortalezco, aprendo a confiar en mi misma y forjo
mi identidad. Gracias a los que me apoyan en mis proyectos
delirantes y a los que me hacen bajar a la tierra. Gracias
a los que me escuchan y a los que me confian sus secretos.
Gracias a la vida por haber amado con esa intensidad
que dificulta la respiracion y nubla el pensamiento.
Gracias a mis amigos, los que saben entender mis tiempos
de silencio y soportan mis charlas infinitas, gracias
por compartir y enseñarme a disfrutar de los
pequeños momentos. Y a aquellos que por un motivo
u otro ya no están conmigo, quiero que sepan
que fueron muy importantes para mi, y que nunca voy
a borrar los buenos momentos que vivimos. Gracias a
los que me antecedieron, a los que me acompañan
y a los que nos trascenderán.
Gracias a Uds. Por estar del otro lado
de la pantalla y compartir estos momentos de conocimiento,
instantes que se perpetuarán en los ratos de
lectura, de reflexión y de charla.
Les deseo un año de autoconomiento,
amor, justicia, sinceridad, lealtad, liberación
y, sobre todas las cosas, un año de agradecimientos.
Gracias por existir.
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