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El viento de los Andes se agita sobre
tu frente, la altura te demuestra lo pequeño
que eres comparado con la Pacha Mama. Pero te reconforta
poder imitar al viento y arrancarle canciones que, como
quejidos del alma, se confunden con el zonda. Desde
lejos te llegan las alegrías del tambor que se
te figura el corazón del mundo. A tus pies el
río se desliza como la esencia de la vida por
tu cuerpo. Miras al cielo y te sientes en casa, Quetzacoatl
te enseñó que es posible volar aun siendo
serpiente que repta. La existencia te sonrie al calor
de Inti.
Abya Yala es tuya, a pesar de las guerras
y las mezquindades de algunos caciques. Eres hijo de
esta tierra que amas y ofrendas.
Hubo un tiempo en que te llamaron americano
e intentaron cambiar tus costumbres por caprichosas
concepciones de corrección e imprudencia. Tu
libertad se aferró a la cola de la serpiente
y, aunque la mordieron hasta sangrar, permaneció
agazapada a través de los siglos esperando Ser
una vez más.
Fuiste combatido, humillado, usado, violado,
robado, burlado, observado, engañado, silenciado.
Te quitaron cultura, creencias y hallazgos. Pero conservaste
tu latido certero, como una brasa que aguarda la esperanza
del aire.
Hoy, varios siglos después, estás
aquí
contemplando el amanecer de tu conciencia.
Tus antepasados te impulsan a tomar las banderas de
la autenticidad y salir a las calles de la existencia
a pregonar tu filosofía.
Sin sangre, sin humillaciones, sin violencia
tus ancestros te inspiran a iluminar el pasado desde
el conocimiento, y no desde el rencor. Pero también
te advierten que las teorías negras y rosas no
sirven de mucho frente a la realidad; que las teorías
te alejan de las vivencias y que de vivencias se crea
el hombre. Que los recuerdos deben servir para construir,
y no para olvidar. Que el nombre es lo único
que te pertenece, y que si te lo quitan te arrebataran
tu identidad. Que sin identidad eres yuyo disperso,
en vez de roble fuerte. Y que siendo yuyo eres más
fácil de arrancar.
Tu nombre es el nombre de la tierra,
wayna, es el nombre de tu hermano, del sol y las estrellas.
Tu nombre son tus raices. No seas yuyo cuando puedas
ser roble, no seas débil cuando puedas ser fuerte,
no seas solo, cuando puedas ser todos.
Tus ancestros te llaman con aquel canto
de la infancia, ¿escuchas? se asemeja al sicus
y a la quena, dulce y triste a la vez
como la
vida.
¿Que estás esperando hijo
de américa? No te quedes ahí parado, corre
en dirección a Hunuc Huar, deslizate bajo el
polvo de la memoria y adéntrate en tu pasado
que es como reencontrarte con el espíritu de
la tierra y sentir su latido.
No te confundas con los discursos vacíos,
la pobreza de tu pasado es en realidad pobreza de la
visión que tienes de él. Abre los ojos
inan, deja que la luz de la verdad guie tu camino. La
vida no es sólo razón, si así fuera
no habría abismos entre hacer y decir. Un buen
habitante de esta tierra sabe que sus acciones son las
que valen. Y que la palabra es rica cuando se empeña
en promesa.
Sonrie siempre, el amanecer de sus labios
despierta la dicha de los tuyos y les entibia el alma;
pero también llora cuando estés triste,
las lágrimas guardadas indigestan el carácter.
El sonido del silencio te abruma, es
como si desde la cumbre de esta montaña sintieras
que estás más dentro tuyo que nunca. Es
una comunión indescriptible, un religar infinito
con la esencia de la vida del planeta, que es la tuya
propia.
Indaga en la cartografia de tu corazón
indio, nútrete de su sabiduria y aprende a respetar
su palabra, conviértete en eco de ella, difúndela
a los cuatro vientos. Doma el caballo de la intolerancia
y aprende a resistir, como lo han hecho tus hermanos
durante siglos.
No los observes ya como una especie
en extinción, no son más animales
que tu, trátalos como te tratas a ti mismo. ¿Ahora
comprendes verdad? su dolor es tu dolor y su alegría
tu alegría. Dialoga entonces , escúchalos
y escúchate. Que escuchándose se construye
un puente y los puentes son necesarios para saltar abismos.
Mi pequeño üñan tus
ancestros están aquí, junto a ti en este
viaje. Los sientes, los percibes
ansias sus conocimientos
y, aunque algunos se han perdido por negligencia de
la historia, estás convencido que lograrás
ser como la lluvia que renueva el follaje y da brillo.
Lo sabes, porque sientes que no estás solo en
la tarea, siglos de resistencia y paciencia han custodiado
tus raíces. Ahora lo percibes, con la certeza
del cóndor y la visión del aguila.
Estás en la cumbre más
alta, divisas todo el continente y comprendes: Tu eres
yo, y yo soy él. Wayna, juntos somos la sangre
de Abya Yala.
*****
Vocabulario
Abya Yala: América
en lengua quechua
Hunuc Huar: Dios
de la montaña para los Huarpes
Quetzacoatl: la
serpiente emplumada Dios azteca
Inti: el Dios del
Sol, para los Incas
Inan: hermano en
lengua mapuche
Üñan:
muchacho en lengua mapuche
Wayna : joven |