| Los juegos de luz
y sombra que pueden verse en la superficie lunar, dieron
lugar a la creación de una serie de leyendas Una
de ellas nos explica porqué los habitantes de la
India veían dibujada una liebre en dicho satélite.
Hace varios siglos, el futuro Buda nació
en forma de liebre y le correspondió vivir en un
bosque, donde hizo amistad con un trío de animales:
un mono, un chacal y una nutria. Bajo este aspecto leporino,
quien tiempo después regresaría al mundo como
el príncipe Siddharta Gautama, se convirtió
en el líder del grupo y, además de aconsejar
sabiamente a sus camaradas, no perdía ocasión
de transmitirlesla doctrina religiosa y exhortarlos a seguirla.
Cierta noche que estaban reunidos, la docta
liebre les advirtió, al contemplar la Luna, que el
día siguiente habría que ayunar. Instó
al resto de los animales a obedecer la orden. Además,
les sugirió practicar la caridad.
A la mañana siguiente, la nutria
vagaba por las orillas de un río, cuando vio a un
pescador que enterraba en la arena siete pescados rojos
ensartados en un palo.
El astuto mamífero esperó
que se alejara el humano y escarbó en el sitio preciso,
hasta dejar los peces al descubierto. Luego cogió
la rama con los dientes y arrastró el botín
hasta su madriguera, pero no se atrevió a tocarlo
porque deseaba guardar la orden.
Entretanto, el mono saltaba de árbol
en árbol y, de repente, descubrió un jugoso
racimo de mangos. Jubiloso, lo arrancó y de buena
gana se habría comido uno de los frutos, pero recordó
las enseñanzas de la liebre y decidió guardarlo
en su casa para el día siguiente.
Por su parte, el chacal llegó a la
cabaña de un guardabosques y, al encontrarla deshabitada,
penetró cauteloso en su interior. Se adueñó
de un tarro de manteca agria, dos trozos de carne asada
y uno de iguana. Con dificultades, se llevó todo
a su cubil y, a pesar de que lo acosaba el hambre, también
optó por conservar el ayuno.
Mientras esto pasaba, el futuro Buda yacía
en su guarida descansando, cuando atravesó por su
mente la idea de que si alguien le solicitaba comida, nada
podría darle. Sin embargo, resolvió de inmediato
que estaría dispuesto a ofrendar su propia vida.
El dios Brahma captó aquel pensamiento
y para averiguar si había sinceridad en Siddharta,
se disfrazó de monje budista y descendió a
la Tierra. Ya en el bosque, se topó con la nutria
y aprovechó la oportunidad para probarla. Le aseguró
al nervioso animalito que no había probado alimento
en varios días. La nutria, sin dudarlo siquiera,
le ofreció los pescados que había conseguido.
El falso monje agradeció la buena disposición,
pero rechazó los pescados porque dijo encontrarse
también ayunando y continuó su camino.
Antes de encontrar a la liebre, visitó
al mono y al chacal. Les hizo la misma petición que
a la nutria, obteniendo resultados similares, y procedió
de igual manera. Al tener frente al futuro Buda, le suplicó
que le diera alimento y la liebre cumpliendo su promesa
pidió al dios, metamorfoseado en sacerdote, que hiciera
una hoguera en un claro del bosque para saltar sobre ella
y brindarle su carne.
Brahma siguió la indicación,
pero con su mágico poder no permitió que la
liebre se chamuscara ni siquiera un pelo, sino que experimentara
la sensación de sumergirse en un lecho de blandas
nubes. Paso seguido descubrió su identidad y, para
dejar testimonio de aquella conducta ejemplar, se convirtió
en gigante, destruyó una montaña con sus manos
y, valiéndose del polvo obtenido, dibujó en
el disco lunar la figura de una liebre
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